viernes, 6 de julio de 2018

Francisco Urondo: Las preguntas sobre el sentido.

La poesía de Francisco Urondo  es un  diálogo interminable sobre sus propios presupuestos y condiciones, una interrogación constante acerca del sentido, del tiempo de  los  acontecimientos vividos, de las historias que se acumulan , esas conversaciones internas, esa búsqueda de la palabra, o la expresión más precisa, se mantiene a lo largo de su obra, como preguntas y hallazgos, que intentan encontrar aquel significado de los hechos y de lo que se justifica al  pronunciar  esa misma  nominación.
Desde “Historia antigua” en adelante, su  voz  solitaria, se mantiene como pregunta , deteniéndose en las circunstancias posibles: el  recuerdo  de las viejas amigas, el gesto espontáneo de una colegiala, los andenes desiertos,  la  fiera escondida,  hasta  el imperceptible vuelo de esas  pequeñas aves  marinas que habitan en los sueños. El mundo aparecerá para decirlo y así será recuperable, es ese recuerdo. Siempre  las mujeres estarán, bailarinas o trasnochadas, acompañando la soledad, que es el punto  de partida de la reflexión  continua. Los sueños, los trenes  que  surcan el verano, son historias antiguas, bases en la memoria, constelaciones  o  secuencias, saltos en  lo evocado.
En esos  remotos tiempos, la  indómita  y  memorable  Perichole una antigua  cortesana  es  el  motivo   histórico  que Urondo  elige  para  intervenir  viejos  relatos.
Vuelos  nupciales   que lo encandilan, antiguos amores,  la procura de  la tibieza. Las palabras indagan  en  esa imagen incierta que se hunde en horas lejanas.
Los días se van, la amante espera en el dolor de la tarde, son pequeños temblores, saberes  mínimos que prosiguen, la continuación  de  las  preguntas.
En el  libro “Breves”, la caída en la playa  solitaria, inicia ese pequeño   aliento  que envuelve  el  paisaje, lo aísla  y  rumorea en el destino, un  adelgazamiento y una levedad para  hallar  el  sitio  escogido,  íntimo, de ese lenguaje.
En “Nombres”, el  itinerario, en eternos pliegues atesora  el  recorrido desde la fragancia de  lo  infantil  hasta el origen  de  un  camino, que  se  funda en  la  memoria   del  trayecto.  Para  que  eso  se  cumpla, es necesario, la  identificación  con  ese mismo  territorio  y  sus  reverberaciones.
 “El  pasado mira por el  ojo  de  los  remolinos”, insiste  con  su  carga  de  ensoñación .En  los  veranos de  esa  comarca  el tiempo  se  expande, y se disemina  en las  islas  y  en las vibraciones  casi  invisibles.
Los  nacimientos en ese paraje de  la  memoria  resisten en  un movimiento extenso.
¡ Candilejas !  Un hombre  llora de manera  inconsolable  cuando  cae  la  noche. El  mar  lo  cobija  y  las  sombras  cubren ese espacio  demasiado real.
Algo  debe   acontecer , sin  pausa,  sin estaciones, ni  pájaros, ni  trenes ,ni alcohol,  contra tu muerte habrá  una nueva   presencia  que  vendrá  sin  escollos.
No hay canto después de  la  embriaguez  con  que se vive, solo  una  esperanza imperturbable había,  nada  más  allí.
Hay   simplemente que   esperar el  anochecer,  rendirse ante  el día, aguardar  la
llegada  de  la  luz.
Urondo  capta  a  bellas  durmientes, intenta  recuperar  la  imagen  perdida.  En la suerte
escucha  rumores  y  el temblor  de  los  trenes que le   llevan   recuerdos, no huye, vuelve.
Algunos  títulos, o versos, aluden a la letra de los tangos, siempre presentes en la evocación, como un sistema de  alusiones porteñas. El canto viene o  se va, la  tibieza ondula, el  destierro  es  la  soledad. Una mirada, un saludo, un gesto  insospechado  llevan  a  ese  hombre al  silencio. Y la  calle desorienta  con  su  vacío, es  una  búsqueda incesante, el pormenor  que  se  tarda  en  pronunciar .El  tiempo  resplandece ante  ella  que  es  el  motivo  de  esas  horas  que  ruedan.
Las  imágenes  quedan  en  la  memoria y  siempre  se  repiten. Los  signos  acumulados  son  el  sentido  de  aquello que  está  dicho. Lo que pasa es  que el  amor  no  tiene  límite, y  no  hay  que ceder en  lo  que  vale  la  pena.
Fumando   espero, y la  tristeza no  tiene  fin. Recordar es  amar  infinitamente, dar  vueltas  sobre  sí  mismo en la  memoria. La  vida  sigue  siendo  terca  y  es  preciso   intentar  dominarla a  cualquier  precio  posible.
Las marcas  desoladas , hablan  de un  tiempo  añorado,  madrugadas  que  se  extienden, desdichas,  aventuras  nocturnas, que  forman  claves  cifradas  herméticamente.
Se  muestran  en  el andén,  en el  sudor  de  esas  mujeres  olvidadas, y  definitivamente  perdidas  que  también  se  van…
Buscando  en  los  lugares secretos que  reanudan  el  viaje.
El  sol  deja  a  veces  de brillar, los  amores  que  acaban  son una señal,aquello  que  deseamos  descubrir, en un  país  que  ignoramos del  todo.
Del “Otro  lado”  están  los  parques y paseos, las cosas  pegajosas , que  se  adhieren ,  las  manos  se  deslizan  en  busca  de  algo que huye.
Los ademanes vulgares, hacen  difícil  amarla, someterse  a  su  ritmo  mundano.
De las  dos  caras que  manifiesta  la  realidad,  el  primer  impulso es  el  que basta y se  justifica.
Los   años,  la  vida  por  delante,  se  inmiscuyen en  nuestros  pasos, nos  alertan ,  es  preciso   disponer  de  una  forma,  un  sentido.
Bailando,  soñando,  oyendo  una  voz  ausente  y  caída,  dando  vueltas  interminablemente.
En el  desamparo, en la  desesperación,  está  el  camino  hacia  los   otros, que  viven  en  la  luz.
Las   gatitas, las putitas  perdidas,  forman  parte  de  ese  clima  que  evoca  la  soledad.
Esta  ciudad  apartada,  es  la  más  querida  en  el  vivir  de  uno. Allí  donde  el  mundo  se  deforma  y  crece, nos  aísla.
Imágenes  de  destrucción y del  delirio,  de  un  mundo  que  se  extravía, el  tema es  mezclar, en  procura de  los  enigmas  que  se  presentan a  la  visión, formas  que  se  repiten  y  tiemblan.
Hay  que  vivir  aunque  se  tropiece,  y  el tiempo  vuelva  hacia el sueño que no  se  puede postergar.
Una mujer  llora  incansablemente, gime,  grita,  la  corista  veterana  le  sonríe,  bajo  la  luz  de  los  reflectores. 
Las  aves  del  paraíso  revolotean,  y  son  reinas  de  la  noche,  Carlos  Gardel, el extranjero, “el extraño  del   silencio”,  señor  de  los  tristes,  en  la  noche  y  el  alba,  es  el  dueño  de  la  ciudad.
Urondo  escribe  poemas/ homenaje  a  los  grandes  artistas: José  Planas  Casas, Leónidas  Gambartes, Oliverio   Girondo,  Juan  L.  Ortiz, y quiere seguir  viviendo al lado  de  ellos.
Porque  dirá  que  no hay  pasado,  sólo  intensiones  de  amor,  para  continuar  andando.
Los   amigos  se  encuentran  en  la  poesía,  en  un  viejo  despacho  de  bebidas,  donde  se  reúnen  y  ese  es  el  único  refugio  posible, en  la  amistad  están  depositados   todos los  hechos de  un  mundo vasto  y   hostil, es   ese  sitio  donde  a  pesar  de  todo  hay  que  vivir.
Entre  las  despedidas,  el  ocio  y  la  soledad,  los  hombres  encuentran dentro de  sí un  lugar  de  apoyo.
La  palabra  Revolución  se va  entrometiendo en nosotros,  como un  giro  secreto,  que es  necesario  descifrar.
El tiempo  sin olvido,  casi  quieto,  como  en  el  tango  nos  va  rodeando, y con el  enfrentamos las acechanzas.
De  madrugada  se  abren  las  puertas, y existe  una  congoja que  hay  que  ahuyentar,  que  con  coraje es  nuestra  memoria que  acecha.
Hay inminencias  en  el  mundo, pequeñas  e  inalterables  secuencias  que  se  olvidan, como  tus  manos envueltas en la tristeza de  un  tiempo  que  finaliza.
Mientras  esperamos el sol, el nacimiento  del  día  que  comienza, la  vida,  lenta,  ese camino incesante  en el  que  se  logra  un  nuevo  enigma  para  seguir  creciendo,  siempre  para  volver a  ser.
Ante cada  circunstancia,  en  las  horas  que  se  suceden  están  las  horas, la  bruma  de  la  ciudad  y  su  aliento
A pesar de las  complicaciones de estas ciudades modernas que están perdidas para nuestro entendimiento, deambulamos sin rumbo en ellas.
La alegría, la falla de dominio es todo lo que nos conduce a pesar en nosotros mismos.
Las conversaciones se convierten en  cartas abiertas, confesiones  públicas, pueblan con esas  manos abiertas  el cielo de pájaros, negando  así a la vida privada, temblando antes de desaparecer, de ese modo se resguarda para siempre. Uno  está herido de muerte sin saberlo, o prevenirse en esa situación, viviendo  el amor, una interminable tormenta  de verano que va a pasar, y que nos va a dejar iguales.
Abrir y cerrar  la puerta de la casa, conservar su calor, porque las despedidas son tristes, pero inevitables, entonces solo  hace  un juramento
Esas calles que se han transitado y donde vive una patria perdida para nosotros,  donde viejos fantasmas: Mitre, Urquiza, la divisa punzó y tantas otras cosas, señales de un  paso retardado, que viene desde la adolescencia  y que la memoria actualiza, parta convocar y ahuyentar  recuerdos  personales, que trastocan y se mezclan en una vida abierta a  los impulsos, algo así  como un viaje necesario e imprescindible.
El mundo está vacío, desmembrado, y es el día el que acaba sin estrépito, pero hay memorias, pequeños escándalos en las ausencias que  se encuentra a nuestro lado. Sin que lo sepamos, que también se  van, en los parques sin olvido, donde residen el tiempo y las demoras.
Urondo  siempre vuelve al mismo punto de partida, y deja los signos de una verdadera causa, muy personal .La oculta a medias, a veces la manifiesta con intensidad y se rinde ante ese llamado.El olvido puede ser un recurso, una insistencia postergada.
Está lejos de sí mismo, del amor, en el que vacila, y  que es una constancia y produce  la voluntad de vivir.
Los cuerpos y los dichos  no cesan, son como dice pequeñas sanciones que se difunden.
Sobreviven en una espera, sensible y flotante, como el aire que los reencuentra.
Mujeres  que están  hechas de cánticos, voces abandonadas, sometidas  y  sufrientes, que sobrepasan la dicha y las  dilaciones del amor.
Hay mujeres en las cortes, zarzueleras y brillantes, desprendidas de sí mismas, espían y hacen  señas, se entrometen, y le dice adiós para siempre.
La soledad insiste, la vida sigue su curso anhelante, para todo lo que pueda venir. Lo pasado no deja dormir, es la vigilia que se despide.
La noche se refleja en las condenas y sin sorpresas se expande. La vida interior no existe, en ese empecinamiento está  la mejor suerte. Hay que hundirse en el sueño de los vivos hasta extenuarse.
El  olvido y los recelos nos cercan de tal modo que debemos revisar lo vivido, más allá de todo.
La  Habana  es libre, tiene su claridad, allí no pasa el tiempo en vano, y se instala  inocente y  cálida, clausura las distancias.
Olivari  ya no pertenece al mundo de los vivos, se ha alejado, como  tantos, continúa más allá del recuerdo, del detalle de la noche paulista.
La mueca de la muerte  arrebata y no emite señales. En un tiempo de sabores perdidos, no se  las  reciben y lo único que queda es dirigirse al porvenir. Aquello que no se vive, pero que persiste, para la mujer, los hijos, aquello que vendrá.
La eternidad es una ausencia, lo  que se guarda en el amor entrevisto, en la terquedad de la alegría, La distancia es grande, todo cambia, y si uno quiere hay que  disponerse a hallar ese sentido.
Es necesario tomar por asalto al tiempo enemigo, aunque las palabras  desvían en la ocurrencia de lo  que ya pasó.
El mejor poeta del país también se despide, como cualquier  tipo, y ese convencimiento se destruye como si  el dicho fuera falso, los que adulan  puedan ser amigos o no.
Historias escondidas, lamentos, lágrimas indebidas. Claro que el futuro no viene, se demora. En países abandonados como el nuestro, es mejor desdecirse, no vacilar este opaco gesto  ya es demasiado.
En los hoteles del  poder,  se le da la mano al General  Strorner y se conspira. Es que Urondo  paradojalmente se vuelca a una  politización  que le marcan sus decisiones y cada vez se compromete más y su palabra es ese signo que entrega para reconocerse y  hallar caminos entreverados.
La quiromancia y la profecía alientan un juego peligroso ¿ No será ese el  verdadero indicio de vida  ?
Lo que vendrá, puede ser que venga, y seguro está ahí para que se entienda. Las tinieblas se van, y las interpelaciones son para mirar en el miedo.
El  cuestionamiento se acelera en el último  tramo de la  poesía de  Urondo, entre las sombras de la vida  el poeta vislumbra un  fulgor, que se disuelve en atisbos y terrores que tiene ante sí.
Los que están cerca se alejan, los nombres queridos mueren en la creciente ausencia, dan su último adiós, hay que alegrarse por vivir, por esa persistencia de los días. No se puede querer,  la cuestión es  seguir el camino, que vuelve una y otra vez.
Las variaciones del amor, las cosas que se dirán después, en la insistencia y el desamparo.
Hay que montar en cólera, no refugiarse, las ninfómanas de cabecera  se esconden en el marasmo. El cuerpo del delito es la propia entraña que se desprende.
La vida  sigue en llamas, espiritual y generosa la entregan los otros.
Mientras dormitan los hijos  queridos .  Prosiguen los  mensajes cifrados, en la búsqueda de alguien, o de alguno que los pueda recoger. Porque hay que tener piedad de todos, de quienes hablaron bajo  tortura, o los que se callan la boca, por los desaires, por las imágenes perdidas y la penumbra.
Porque hay  mucho que decir y cantar, por los viejos compañeros, por los que se
ocultan en el abrazo.
Hay nombres entrañables: Felipe Vallese  es  uno, lo trata de conjurar, “quien para la lluvia” en la ronda de los días desaparecidos.
Los poetas, como hombres de transición observan perplejos, transitan desprevenidos horizontes débilmente inciertos. Andan  en los rincones, previendo la inútil derrota, el desprecio del mundo, donde cada vez llegan  señales  dispersas.
Como  en una batalla, una peleas por aquello que se quiere.
Los carteles anuncian lo que va a venir, lo que es imprescindible que ocurra. El  cartero lleva noticias, brindis secretos, escaramuzas del espacio combatiente.
El  fuego todo lo purifica, en el aire de los héroes, en el quebranto del tiempo resplandece.
Salvador Allende muerto, desgracia que no puede ni debe contener  para así ser otro.
Los errores en los que es necesario pensar, se reinician cuando la historia es esquiva.
Se vislumbra  que hay un tiempo de traiciones, de partidas que no se dan vueltas.
Las policía roba en las pertenencias y en las pequeñas cosas queridas las requiza a lo mejor es un modo total de despojo.
Las mujeres bailan, tosen, suspiran, son la materia irreal, como la reja que aprisiona un  quejido.
Urondo   se  deja tentar,como si su fin se postergara. En los poemas póstumos eso  que advierte construye  una ausencia que lo conmueve en lo real. Tal vez esa advertencia y seguridad es su particularidad  para atender su circunstancia.
Todo vale la pena seguir  viviendo, como si esa seguridad fuera su verdadera entereza.
Continuamente repite la importancia de la voluntad de vivir, hasta en las pequeñas manías que el poema entrelaza y procura. Sabe que está resistiendo, que los dados,  están echados, y no es   preciso desdecirse.
Ha tocado fondo, sin embargo insiste  en sus riesgos con  las dudas  de la realidad y sus inconsistencias, porque eso  le permite redoblar  reiteradamente su apuesta de sentido.
La poesía de Urondo, es cierto, mantiene  a lo largo del tiempo una unidad que lo caracteriza, es en el tono,  el modo de ver, siempre indirecto, que hace que  su voz, encuentre las palabras, para acometer algo así como se da el intento de su rendición de cuentas.
La realidad que tiene ante sí debe  ser aguijonada para que se vuelva materia aprensible que constate un estado de situación. Para el último  Urondo el poema es un campo de confrontación, que con sus fuerzas desatadas, hay que escrudiñar. Un triste pueblo derrotado, aún  posee energía para reorganizarse, es perseguido porque lo cercan y lo encierran y lo acosan, en el espacio medido de su tenaz ocultamiento.
La única verdad es la realidad, pero  en otro  lado, ella busca su sentido, está más allá y pertenece a su esencia, a lo que se encuentra afuera, también con cierta seguridad.
La inocencia, que el dolor de los torturados hace presente es una llamada eterna. La poesía  de Urondo va en busca de  esas  significaciones.  //       Jorge Quiroga

viernes, 2 de septiembre de 2016

“Volviendo a casa” De Hugo Tabachik

Acerca   de  “Volviendo  a  casa”
De  Hugo   Tabachik,  por   Jorge   Quiroga

La   poesía  es   todo  lo   que  se   vive,   y   aunque   los   libros   persistan,      la  experiencia  condensa  en   esos  vacíos  la   eternidad   que   se  manifiesta-.Un   elogio   del   andar  y  el  errar,  en  el   instante  fugaz  de   una   ensoñación   con  sentido,  mientras  se  van  despedazando  vuelos  rasantes, casi  indispensables  Lo   que  ocurre  es   que  la  vida  transcurre   con  y  entre    nosotros,   aunque   no   consigamos   otra   cosa  que   ser   iluminados   por   esa  luz,   de   intersticios  y  de   intermitencias.- Dilatamos   un   breve    espacio   que   vive   en   nosotros,  y  en  e   que   depositamos  los   sueños  más  inverosímiles.
   “Entendió  que    poesía era   una   forma  de  vivir  no  de  escribir”,  dice   Federico   Barea,  y  Hugo   recorrió   el   mundo,   siempre   tratando  de   atrapar   ese   sentido  huidizo  y  cambiante, largos   años  pasaron  hasta   que  se    convenció  que   su  casa   estaba  aquí,   que   era  una  forma  de  decir  que   su  búsqueda   seguía  solo   que   de   otras   formas.
“Hugo   se   transgrede  con  un  poemario    donde   se   festeja   el   andar  como   medio   de   vida,   donde  hay   lugar  para   el   humor,  donde    la   memoria  y   el   olvido   se   sacan   chispas  y   cada   poema  es  un   cachito   de   eternidad”  (F B)
El   andar   es   un  entredicho,   la   posibilidad   de  un  destino,  donde  el  cielo  es    ese    horizonte   donde   los   pájaros   son  la  maravilla    de  continuar   marchando-.
Los   días  son  expectantes, la   ciudad   recobrada,   lo   viejos  bares,  lo  que  aún  late  y  se   esconde   en   la   inmensidad   del   nuevo   encuentro,  aquello   que  suspira  y   palpita  en  el   deseo  y  en  el  descubrimiento,  pequeñas   perplejidades  que  encierran los  ocultos  misterios   y   el   descubrimiento  interminable.

Los  seres   queridos,   la   biografía  de   lo  mínimo,   que  envuelve   en  un  brevedad   un  movimiento   del   existir  hacia  su  íntimo   refugio,  las   migraciones   del   tiempo,  para  alcanzar  el   secreto    y  los  tesoros de  lo  que  nos  conmueve..
                                                                                                                   Jorge   Quiroga

Poemas

Biografía
Yo   soy  un  niño
andando
un   sendero   escapado,
desconocido.
Me   entretengo
Juntando
guijarros   raros
que   comparto
con   los   ocasionales
compañeros  
de  marcha.

Domingo
Soy
cuando   escucho   tu   voz.
Soy   cuando  te  siento
cerca    de   mí.
Soy
cuando   me  veo   respirar.
Nada   de   eso
sucede.
El   cielo
está    nublado
sobre  Buenos   Aires.

Ventana   al   oeste
A   veces   pienso
si   tiene   algún   sentido
seguir   llevando   esta   existencia
absolutamente    innecesaria.
Pero   el   crepúsculo
se    dispara   en   mil   abejas  
y   el   árbol   calla.
Dejemos,
Entonces
este    asunto
a   las   hilanderas.

Anoche
 el    sueño
me   trajo
tus   ojos.
Gracias.


El   más   allá.
-¿ Y  más   allá   que   hay ?
-Un   río.
¿ Y   más   allá ?
-¿  Y   más   allá  ?
- Tierra.
- ¿ Y    más   allá  ?
-Montañas
-¿ Y   más   allá  ?
--Tierra.
-¿ Y  más   allá  ?
-Un     mar .
-- ¿  Y   más   allá  ?
- Tierra.
- ¿  Y  más   allá ?
- Montañas.
_ ¿  Y   más   allá  ?
-Tierra.
-  ¿  Y   más   allá ?
-Un  niño   preguntando.



El   gato   viejo
Duerme   la   tarde
Confundido
con   las   piedras
y   los    hierros
en   un   trozo   de   sol.
Divide   la   hora
en    sesenta    minutos,
el    minuto
el   minuto
en   sesenta   segundos,
el   segundo  
en   cachitos
de   eternidad.










Mi   primer   trabajo
En  Manhatan
Fue    de   dishwasher
en   el   American    Hotel
Salía   de   allí
a   las   cinco   de  la   madrugada
y   veía   las   estupendas
putas 
negras
enfundadas  en   satén
verde,
muy   verde
bailar
Gershwin
En   medio
de   la  Quinta   Avenida,
reflejadas   en  el   asfalto.
Me   sentía   inmensamente  libre.
Nadie   era   mi   nombre.
No   me  quedaban  ni   los   zapatos.





Los  ruidos    perdidos
Las  cacerolas
golpeando   entre   sí,
los   chicos   jugando
a   la   sombra     del   patio,
los    carros
rebotando
en   los   adoquines.  
Sólo   

 la   larga   mirada
de   esos   ojos   de  agua.


(Hugo    Tabachnik:  “Volviendo  a  casa”
De   Triaco  Laboratorio   Editorial
Libros   del   Riachuelo
Bs. As. 2.015-


                                                                        Jorge  Quiroga

jueves, 28 de julio de 2016

La voluntad de vivir

La   voluntad   de   vivir
Carlos   Correas
De    Bernardo    Carey

Una   figura  temblorosa,   frágil,   trágica,   se  adelanta   en   el  despojado    escenario,  en  un   pequeño   departamento,   donde   contra  una   pared   se   ven   las   fotos   de   Audrey  Hepburn,.  Evita  y   Jean   Paul   Sartre.
La   brillante   y   conmovedora,   personificación   de   Raúl     Rizzo,    avanza  tambaleando,    caminando  con   alguna dificultad ,  ocupa   el   centro  de   la   escena,  el   cuarto   está   con    libros   apilados  por   todas  partes,  al  costado n  una   solitaria  vieja   máquina   de   escribir  en   la   que  se  teclea  continuamente   y   donde   el   fantasma  agonizante   de   Correas   flota   en   el   ambiente   desolado.
Febrilmente   habla   por   teléfono   con    la   agencia,  y  con   voz   temblorosa   pide   y    contrata    una   mujer   prostituta,   que   después    sabremos  solicita  para    llenar    su   soledad    absoluta,   su   apartamiento   del   mundo.
Este   deteriorado   personaje,   vencido   por   la   carga   de    una   incipiente   vejez,   es   doloroso   e   inadecuado   al   mismo   tiempo,  parece3   decir  “no  veo   porque   no   hay   nada    que   ver”.  Se  burla   de   sí   mismo   y   sabe   que   sus   horas   están   contadas.,   se    deja  caer  tal  vez   porque  otra   cosa   es   imposible.
De  vez   en   cuando,   los  espectadores   observan   el   rostro  surcado   de   marcas   del   autor (   quienes    conocimos  a  Correas   entrevemos   allí   su   desesperación,   el  rictus    amargo,   y   el   humor,   entre   ingenuo    y   exagerado,   sus   gestos   postreros  vacilantes)                  
Quizás   reparamos   un  halo   de  tragedia,   o   de   comedia,   que   se   dese4nvuelve   ante   nosotros.  De    pronto  en   una  escena    se   plantea   y  se   proclama   que   lejos   de    la   muerte,   hay   un   impulso   irrefrenable    que   a    uno  le  impide  arrojarse   al   vacío,   se   trata  de   la   voluntad   de   vivir,   un   impuso  nietzchano   de   sobrepasar  los   augurios   de   la   destrucción.  
Porque   esa   interrogación   está   latente    en   cada    gesticulación ,   Correas   el   suicida,  el   loco   que    salta   el   balcón   de   su    departamento,   de   la   calle   Pasteur  ,mientras    las   sirenas    de   las    ambulancias  y   patrulleros  suenan   agudas   en   el   barrio. Es  en    verdad   un  sujeto   vulnerable,,   que   exagera   su   angustia   extrema,   su   dolor   existencial,   anacrónico,   quiere  decir   viviendo  en   otro   tiempo,   como   si  fuera   joven,  que   gira     en   el   pasado.    Se  dice   que   .en   la   vida  real,  aparentemente   su   reducto  fue  invadido   por   la  gente   decente,   furiosa..Acudió     allí   una   multitud   indiferente   ante   el  brutal  hecho,   con   la  intención   de   vandalizar ,   sin   importarles  nada,   le   robaron   sus   libros,   su   máquina,  sus   discos,   los  cuadernos   de   sus    Diario   Intimo ,todo   se   esfumó,   fue    devastado-.  Pero   eso   fue    un   flash,    una   alucinación.
Recibe   en    su   casa   a   la   prostituta   Johana,   que  así   la   llaman   cuando   su  verdadero   nombre    es  Ester  Gómez,   es   la   bautiza    Ester   Goris  (    la   actriz    que   encarna    a   Eva   Perón   en   un   film)   no  quiere   reconocerla ,  se  engaña,   evita,   lo  real
Comienza  un   juego,  entre   erótico,   equívoco,    agresivo,   que    deja   exánime   a    Correas,  la   mujer   lo   cerca,    con   mimos   le   hurta   los  pocos   pesos,   lo   ridiculiza,   lo   agobia.   El   rey  y    la   princesa,   ellos  mismos   disfrazados,  entran   en   el   lugar   de   la   ficción,    que   es   el   único  sitio   donde   viven.
El    hombre    continúa    ocupado   con    la   Filosofía,   es   un   derrumbado  profesor   universitario,  y   el  mundo   imaginario  de   los   viejas  películas   como  “ Sabrina”   ,  la   de   Audey  Hepburn  y    Bogart, el   peronismo   y   sus   fetiches,  su   “parecido”    con   Sartre,   lo   distraen  .Todo   muy   endeble,   provisorio,   destartalado,   agónico, en   esos   últimos   días  de   borrachera  y   mareos    de   anfetamina  y   alcohol,   para   tapar   la   sensación   de   vacío    interior,
Hay   un   doble,  un   enemigo,  amigo,  quizás    con   identidad   difusa   , que   lo   acosa,   y   le   hace   recordar   quién   es   en    verdad,  o   lo   que   fue,  un   sujeto   arltiano,     Erdosain   tal  vez,   un   humillado   por   la   vida. Algo   un   poco   despreciable,   un   marica   quizás   que   se   tienta   con   los   brillos. Un   compañero   de  antiguas   juergas,  otro   mutilado
Se   trata   de   un   existencialismo   en   desuso,   pasado   de   moda,   que   continuamente   contrasta  y  es   totalmente   perdulario.
Correas   vive   en  un   mundo    fantasmal, que   en   verdad  a   nadie   le  interesa, como   si  estuviera  en   sus   fantasías   y   sepultado    interminablemente.
De   vez   en  cuando   teclea   alguna   nota   que   queda  inconclusa,   le   retira  la   llave  de   su  casa   al   doble,   y  se   escapa   a   soñar   o   inventar   su   propio   retiro.
Juegas   con   un   revólver   como   en   un   cuento   suyo,   piensa   que  es   un   gánster   o   un   suicida,   o   un   literato   que   ya  no  tiene   nada   que   decir.
Se   precipita   al   borde   de    su    sin   sentido,, parece   un   sonámbulo    que   pasea,   encerrado   en  su   cuarto ,  desesperado.
Los   tres   actores  se   mueven   en   el   espacio   y   desarrollan   tres    facetas    de   un   vértigo   de   acontecimientos,   regulares   e  inhóspitos.  Correas  interpretado   por  Rizzo   con   una   perfección   angustiante, se   desliza, camina   y   descamina , y     logra     una   identificación   sorpresiva,  sin   haberlo   conocido   personalmente,   la   semejanza   impresiona., el   rol  es     logradísimo.
La   prostituta,   lo   acompaña, lo   elude,  no   lo   entiende,  pero  en   algún     momento   hay    como   una   fusión,   que   sobrepasa   la   rutina  diaria,   están   allí ,   juntos,   en  esa   unión   inexplicable.
El   tercer   personaje  Juancito7Pablo  quiere   hacerlo   volver   a   otros   tiempos,  aunque  todo  es  ahora  distinto, y  pertenece   a  un  pasado   que  Correas   niega,   como   un   camino   sin   salida.
¿   Cuál   es   la   solución   ser   distinto,   cuando   las   voluntad  lucha  en   búsqueda   der   aquello   que   lo  convierta   en  aquello   imposible, 
Por   eso   está   extenuado,   cansado,   deteriorado,   dolorido,   asombrado   por   la   grieta    que   ha  perdurado  en  su   existencia.
“La    vieja    locura    del   amor   ideal “,   esto   es   solamente  ideas   y   escritura  que   están   en   la   cabeza  de     Correas,   ese   algo   sublime   y   puro,   que   a   la   vez   siente,   como  pretensión   altisonante,   porque   su   contacto   con  el   mundo   puede   ser  procaz,  dudoso,   antiguo   e   irrisorio.
Correas   se   debate   en   estas   tensiones  (su   retiro   ,su     “  vida   real “,  Juancito   y  la   fantasmagoría   que   lo    aterra)
Esos  hombres   recientemente   afeitados,  pasan   incrédulamente   por  el  hall   de  la   estación   de   Once ,  repleto   de   tipos  simuladores,   prostitutas  y   travestis,   el   escenario  al  que   volvió  el  filósofo/escritor    Correas.
¿  Comediante  o  mártir  ?  Frágil  o  un  fascinante  out-sider,   estas   dicotomías   recorren  el  desvarío     de  los   profundos  actos,   tal   vez   inconsecuentes  de   sus   muecas    ?
Un  sujeto   sin    lugar,   un   desterrado,   un   lastimado     que   agoniza   envuelto   en   esa   voluntad   de   vivir,   donde  es   atrapado,   cortés  y   ambiguo,   su  cabeza   está  mareada   por   el   alcohol   desmedido,   pero  aun   más  por    su   dejadez.
La   prostituta   lo   atrae,   lo   desecha,   llega   una   vez    sangrando   su   nariz,   la    protege,   entre   ambos   siempre  está   el   contraste   de   una   relación   asimétrica,  por   edad,    experiencia    e    imaginación.
En   el   número  1952  de   la  tarjeta   de    crédito  :   “  El   año  en   que   murió   mi  padre. El   año  en   que   empecé   a   trabajar  ! El   año   en   que   entré   en   Filosofía  y  Letras ¡   ¡El   año  que   se  estrenó´  Sabrina ¡ ¡El    año    en   que   murió   Eva   Perón  ¡     El   año  en   que   cumplí   25   años ¡ ¡El    año  en   que   conocí  a,.,,”
Es   decir   que   en   esa   cifra   están     encerradas   las   marcas   indelebles   de    una   vida   que   acaba,   y    que   se   mantiene   en   instantes provisorios.
Ella  lo  vive,  o   es  un   espejo   de   sus  penurias,   de    ese  aislamiento. Correas   quiere  que   lo   confundan,  y   esa   es   su   manera  de  no    entregarse.  Piensa,   por  eso   estudia,   para   escribir,   por   eso   imagina.
La   “   profesora   de  anatomía”  es   parte   de   la   Comedia,   de   su   infinita   e   irritante   soledad   a  toda   costa.
En   una  página   de “  Arlt   literato”  ha   escrito  hablando  de  Astier  ”   que   el   suicidio  es  un   intento   de   hacer   necesaria   la   propia   muerte:   me  mato  o   me   hago   matar  porque  tengo   que   morir,  porque   sí,   a   partir  de   la   premisa   de   que   un   poder   lícito  que   es   solo   de   los   otros   concluyo   que   soy   imposible   como hombre  (p   36 )  Cuando   Correas  nombra   a   esa   tentación  e   imposibilidad  estaba  preguntando,  alertando  sobre   la   cualidad   arltiana   que   lo  excede, lo   abruma,  lo   angustia,   lo   existencializa.
Y   cuando   refiriéndose  a   Kafka  dice:  “Franz  lucha   haciéndose   de   la   conciencia   inculcada  de   no    ser  condición  de  una   creación   que   vive   en  la  angustia”  Es   que   la    plenitud  de   la   unión   del   hombre   con  el   mundo” como  a  él   se  le  niega .Surge  otro   número   emblemático   70,   este   es   un   límite,  la   plenitud   fue     imposible,  por  eso  “el    loco   del   7 “  terminó , interrumpiendo  toda  inquietud.
Las   Obra  lee   y   recrea  en   su   puesta   escénica,   el   apasionante  texto  de  Bernardo    Carey.  El   Director   y   su  elenco,   reencuentran  a  Correas  en   su   fin.

                                                                                                      Jorge   Quiroga
Elenco
Raúl   Rizzo :   Correas
María   Zubiri  : Johana
Daniel   Toppino    :  Pablo



Diseño   de   Escenografía   y   Vestuario
   Sabrina    López Hovhannessian

Asistente   de   escenografía    y  vestuario
     Tamara   Varela

Diseño   de   luces
    Miguel   Morales
 Música   original
Sergio  Vaiikofff
Coreografía
Viviana   Luz
Fotografía
Gianni     Mestichelli
Prensa
Haydee   Marocchi
Producción   ejecutiva
   Lardena  Atilman
Asitente   de  Dirección
  Anahí   Rizzo   Quiunteros
Dirección
  Daniel   Marcove


























martes, 12 de julio de 2016

Carlos   Correas: La  voluntad   de   vivir ,  de   Bernardo  Carey
Teatro   del,  Pueblo :   Viernes   21hs     sábados   19   hs

jueves, 24 de octubre de 2013

LA POESÍA DE BUENOS AIRES



LA POESÍA DE BUENOS AIRES



por Jorge Quiroga



1.

Borges dice respecto de Evaristo Carriego que "el suburbio en que lo pensamos es una proyección y casi una ilusión de su obra", que Carriego impone su visión y que "esa visión modifica la realidad (la modificarán después mucho más el tango y el sainete)" (1). Ha primero planteado que el poeta entrerriano es un personaje de su propia literatura. Como esta ecuación se repite varias veces en los textos de Buenos Aires –Arlt, los Discépolo, Girondo, los Tuñón, Olivari, Manzi, Expósito, Flores, Gelman, Lamborghini, Páez, Spinetta, etc. –, podríamos decir que ciudad y poesía se interrelacionan de tal manera que un espacio es invención del otro, que los discursos se vinculan entre si como en un juego de espejos, cristalizándose en formas y personajes que se repiten hasta convertirse en verdaderas identidades en movimiento y transformación.

Es un lugar común que el tango es la poética (en la música y en la letra) de esa multiplicidad de lenguajes que resultan de ese espectro de vinculaciones (ciudad-poesía); es como decir que los tangos minan y crean el lugar de la ciudad, descubriendo el tono particular en el que éste se manifiesta y expresa. Ésta es una verdad a medias, porque en realidad es la trama de la poesía de Buenos Aires lo que se debe entender como toda su literatura, la que va forjando esa influencia que explica las implantaciones míticas. Porque si se trata de evocaciones, de miradas y de expectativas respecto al crecimiento de la ciudad, a lo largo de nuestra historia contemporánea hay que pensar acerca de la inmovilidad de esas imágenes. Gran parte de ese recorrido es la historia de la inmigración y de las mezclas culturales que fueron el origen de esa poesía y determinaron su asimilación y procesos de intercambio.

La poesía de Buenos Aires, como la de toda ciudad con una poética propia que la trasciende para interpretarla, tiene sus voces constitutivas y los poemas que van urdiendo el espacio virtual de su mito. ¿En qué sitio se entrelaza la porteñidad, a veces ella misma una negación extraña, es decir, el último aliento para tratar de comprender y el relato agónico de sus luchas cotidianas?

Primero el arrabal, el espacio del desierto ciudadano, el suburbio que es preciso crear y recrear en versiones que de diversas formas (modernistas, sencillistas, vanguardistas) será necesario instalar en el discurso de la literatura. Un famoso libro sigue las líneas de búsqueda en nuestra literatura (2) y sobre todo el desciframiento que poco a poco va acumulando sedimentos para ir entendiendo nuestra ciudad. Es entonces la teatralidad de un tiempo que se deja ver por intermedio de muchas memorias y retóricas. Detenido y ensimismado, el tiempo del arrabal es de compadres, "un puente con el gaucho”, desaparecido y ya desde Lugones mitificado y sublimado. Esa secuencia está fragmentariamente representada en muchos textos y llevada a versión mitológica por el propio Borges y los brochazos tangueros de las glosas.

La ciudad fue también previamente objeto de la poesía de Baldomero Fernández Moreno, el poeta que en su vagabundeo constante, y sirviéndose de la observación directa, intenta alcanzar visualmente la intimidad de los rincones de Buenos Aires. Salir a recorrer las calles se constituye explícitamente en la búsqueda de material para construir su poética y el sentido de su obra. Allí el nombrar se transforma en una virtud semejante a la fidelidad. En el anonimato, entre los ruidos y la multitud, los poemas juegan en el contraste de la ciudad y los tiempos viejos y conocidos, y el tráfago de lo moderno mirado por el "flâneur" en la gran ciudad.

La poesía de Buenos Aires comienza siendo entonces con Carriego, que le canta a personajes y paisajes de extramuros, arrabal y pobrerío, y con Baldomero y su nota sencillista y el canto al crecimiento y establecimiento de la ciudad. Los posteriores poemas tendrán en cuenta esa disyunción, que presupondrá este origen: arrabal y ciudad moderna.

Porque hay como un destiempo, una desmemoria, por la cual se cuela una hendidura, que tiene que ver con los "tiempos superpuestos" con los que se nutre el hilo de la memoria en los hombres y sus diferentes formas de acercamiento a la verdad que disponen.

Ese extraño paso del tiempo que percibió Borges cuando vuelve en el 21 de Europa. Y que lo lleva a su fervor de una ciudad acaso sólo borgiana. Hablamos de sus primeros libros de poemas de almacenes y esquinas rosadas, ocasos en Villa Ortúzar, del barrio y los portones de Palermo, de los días de una ciudad aquerenciada y criolla en la que la frontera de los lejanos y presentidos arrabales de una ciudad lindante con el cielo y vecina del campo, todo dado como en un sueño entrevisto de lentas blanduras, prepara también (a su modo) su descendencia en la poesía de cierto aspecto de tango (la influencia se ve muy directa en Eufemio Pizarro, música y letra de Homero Manzi y Cátulo Castillo). Quizás es el tema, pero borgismo, tango nostalgioso de orilla, y malevos pueden coincidir en alguna secuencia.

Esa entrada que en Borges es andamiaje para incluir primero su mirada de asombro ante una ciudad imaginada, y que después será parte de un sistema de lógica y arquetipos, en Enrique González Tuñón será lectura de vidas suburbanas/urbanas que se narran en estampas que casi repitiendo los tangos en glosas hablan de exhombres en camas desde un peso y pintorescas escenas de malevos anarquistas en la ciudad hostil y en arrabales miserables (3). Su hermano Raúl González Tuñón condensará en sus poemas vidas marginales alrededor del puerto, del viejo Paseo de Julio, historias de los caminadores y los vagabundos, "... una calle en cualquier ciudad", la poesía y la revolución después, la rosa blindada, pero será en su entrañable visión del margen y de lo mundano de un orbe, de una ciudad, que fijará atmósferas de amor a los barrios amados.



2.

En una historia paralela, pero con puntas que se tocarán en algún momento, el tango, cuando abandona el universo prostibulario, se adecenta en las letras que desde Gardel en adelante, y como se sabe por medio del hallazgo de Pascual Contursi, constituirá toda una historia triste de la ciudad, con el retrato de sus reos, sus cajetillas luciéndose en el cabaret, enhebrando sordamente historias de los sectores populares, de una manera particular -con el lenguaje que ha reflejado con fidelidad la vida cotidiana de Buenos Aires. Si el tango del 20/30 servirá de cimiento para montar una mitología de milonguitas que recuerdan el barrio, de varones abandonados que asumen su soledad, de acciones de todos los días, lo hace casi siempre en un idioma tan identificado con la gente que no habrá distancia entre lo expresado en las letras, personajes y caracteres, rasgo éste que sería una característica dominante en la letra del tango: que es lo mismo que haber encontrado les canales de comunicación de una manera de ser (4).

El hecho de que la letra de tango aparezca en el momento en el que la ciudad va entrando a la "modernidad" tiene implicancias para su desarrollo. La letra abre un espacio de transición, y el descentramiento que provoca su efecto moralizador hace que pase a una zona que puede ser picaresca, lunfardesca o de grotesco, pero que mantiene un límite moral. Cuando algunos intelectuales deciden escribir sobre el tango, el fenómeno tenía varias décadas de antigüedad y era verosímil que se escribieran tangos hablando de sr mismos, remitologizando, que parece ser una característica constante en la poesía de Buenos Aires.



3.

Hay tantas Buenos Aires como versiones de ella, a pesar de que una unidad parece asediarla, como si las proyecciones ilusorias se reencontraran en un relato uniforme. Las poéticas desencantadas del corpus alternativo a que se refiere Jorge B. Rivera (Arlt, Olivari, Tuñón, Discépolo, etc.) (5) cuentan una ciudad marginal, de extramuros, una ciudad agresiva, y que es necesario se incorpore a la literatura como sitio donde la crisis corroe la entraña de la gente, construyendo una feroz crítica a la época dorada del alvearismo y que ya presiente la mishiadura del 30, y todo lo que vino de atrocidad e infamia.

En Arlt, la narrativa desesperada de sus fantasmas que andan por la ciudad y sus regiones de angustia, como restos grotescos y despedazados intimando con la ciudad cruel. (La metáfora prostíbulo-revolucionaria tiene sus fundamentos en la historia real de un espacio que crea despojos humanos.) Las Aguafuertes porteñas, con su inevitable adaptación al periodismo, no ocultan de ningún modo que son el registro de una ciudad triste y sumergida.

Olivari, con su poesía de la mala pata, será la versión en verso cojo de la exasperación que produce la ruindad de una atmósfera asfixiante. Tremendismo que se hace presente en imágenes deformadas de un feísmo deliberado que pide por un poco de vida, es la irrupción del aluvión inmigratorio en su poesía de viejos almacenes, empleadillos aplastados, tísicas figuras, adocenamiento de la vida burguesa y hombres desolados en el desarraigo, dramáticamente solos.

En la misma cuerda eso mismo se da en el grotesco discepoliano con su carga de "inmigración y fracaso" analizada por Viñas en la obra de Armando (6), una especie de punto de encierro, una voz que se oirá allí y en la letra de tango existencialmente desgarrada de la poética de desesperanza de Enrique. Las dos escrituras marcan un estilo cercano al lenguaje oral cotidiano, y así puede contarse la historia de una ciudad, una aldea o un mundo.

Mucho después para la estética cortazariana la ciudad es el espacio de los posibles encuentros y persecuciones; biográficamente y también en la narrativa tendrá que ser el lugar de donde hay que huir, porque Buenos Aires se irá transformando en una kafkiana "ciudad del miedo" (¿acaso Güiraldes, en un ataque de depresión y de furia elitista, no la llamó burdel del puerto?), se convertirá en lugar de contradicciones y sometimientos. El desplazamiento y la confusión del lado de acá y del lado de allá inevitablemente lo llevan a la figura de la calle 24 de noviembre que vuelve obsesivamente, y va unida a cierta frivolidad que lo acompaña.

El 60 en poesía (Gelman, Lamborghini, Luchi, Romano, Szpunberg) con su reescritura de la tanguidad, su politización y sus búsquedas revolucionarias, su costado realista que abordará la convulsión de un tiempo que remitologiza lo que ahora semeja un tiempo constitutivo, y que se empantana como si fuéramos incapaces de pensarlo. Que en la visión poética del 60 es reelaboración de tanguitos gelmanianos, hundidos en la humedad de una ciudad que llora previamente los motivos elegidos. Y que en el caso de Leónidas Lamborghini lo lleva a buscar en la sinuosa sintaxis elliotiana la repetición que le sirva para reescribir a Discépolo o Hernández, en una rara poética de secuencias interrumpidas, de persecuciones continuas, en un lenguaje flotante de elipsis y fugas de sentido, de vacíos y presunciones, en una investigación lingüística interminable. Luchi, por su parte, descubrirá los secretos de lo que él llama la "rara ciudad", con su crónica diaria e irónica de desastres y fracasos, de cantores envejecidos, de paseos por capitales de la alegría y figuras carcomidas por el tiempo. De voluntades que lentamente van entregándose, como un anuncio del exilio interior y voluntario de los que quedaron allá y no regresan.



4.

El tango había completado un ciclo (varias veces fueron surgiendo en toda su historia poético-musical y literaria estos ciclos que fueron cambiando su perfil), y desde el punto de vista de la letra el 40/50 había inaugurado y cerrado un segmento importante de su poética. Esa época instaurará su peculiar concepción tanguera, que servirá, en la acertada tesis de Aníbal Ford (7), de pasaje cultural para que inmensas masas migratorias del interior y población porteña se unen en un repertorio que ayuda a una intensa aculturación.

Habrá poesía amorosa, y decepción, llena de nostalgia, y de una visión amarga de la vida. Además una serie de letras tango realizan una desmitificación de ciertas recurrencias constantes (Farol, Percal, los tangos discepolianos). La poesía moderna renueva la letra tanguera del 40 con su bagaje de metáforas nuevas y giros literarios.

Hay un cierto desfasaje temporal de las transformaciones, en la letra el cambio se da primero y es prontamente aceptado, y en la música éste se da poco después y en un contexto que con Troilo el tango se había, por decir así, establecido en una forma y que Piazzola rompe.

Los poetas del tango serán destinatarios y protagonistas de la renovación literaria del género. Esto se corporiza en algunos nombres. Como el de Homero Manzi, que actuando como letrista debe partir de ciertos esquemas habituales que son imprescindibles: un tango existe cuando el pueblo lo canta y reproduce, es un instrumento que presupone la comunicación, encuentra el lenguaje representativo para expresarse, es sencillo y casi colectivo y anónimo, como si se estuviera escribiendo un poema común o rememorando muchas identidades que son una. El tango debe resolver en su síntesis las imágenes que son versiones de la vida de Buenos Aires. En la poesía de Homero es el barrio perdido, evocado en un tiempo de recuerdos suspendidos, localizado en el silencio del sitio de la adolescencia, la culpa y lo irrecuperable, una poética de gentes simples y la abertura de un espacio de ensoñación, que utiliza ya los elementos de una escritura literaria, que está en función del tema de la evocación melancólica de una letra de tango.

Homero Expósito será audaz y arriesgado en esa búsqueda de un dispositivo que en su movimiento tome esos nuevos módulos y tonos que trae su época, que en suma es la aparición de un tipo de porteño más de acuerdo con una ciudad que se conforma con nuevas incorporaciones y una salud propia y fundacional. Expósito trabajando sobre un material que podríamos llamar de la época gardeliana (donde se construirá la mitología y serie esencial, ahora expresada mediante una visión tanguera pero moderna, que puede incorporar los barrios obreros, contar sin moralismos ciertas historias, o el sentido de una calle emblemática como Corrientes. Inclusive con crítica social y manteniendo y desarrollando el curso de la interesante poesía amatoria del tango del 40.

Esa temática amorosa desgarrada, con su enfoque dramático y lírico que caracteriza el momento con una visión amarga del olvido y de la vida misma, será dimensionada con el matiz que irá agregando cada obra particular: la de Cátulo Castillo cercana a la de Manzi, con una evocación insistente respecto al tiempo, la muerte y lo arcano, la de José María Contursi de desmembración subjetiva, desencantos sentimentales y abismos de dolor atormentado.

Curiosamente o no, la canción urbana popular, los rockeros tangueros atentos al tono de la ciudad, toman algunos de esos tangos de Contursi (Como dos extraños, Grísel y de Expósito (Naranjo en flor) y los hacen como suyos, instaurando a su vez su modo de cantar la ciudad de las últimas décadas, lo que efectúan por medio de apariciones irónicamente apocalípticas, o de decadencia, en la que se consideran sobrevivientes de una ciudad devastada que los rechaza como extranjeros en su territorio.

¿De qué sustancia proviene ese desencanto, sino de la agonía de una ciudad desolada a pesar de todos los brillos? Porque desde el costumbrismo de los arrabales tiernos y los locos de Buenos Aires, pasando por las canciones de náufragos y de grises hombres suburbanos en soledad, o la denuncia de una represión interna/externa, todos somos vencedores y vencidos. Hay entonces que ver allí retratos del hombre que soporta una ciudad y una sociedad señaladas por un tiempo enemigo. Porque se puede decir que se yuxtaponen en las poéticas de Buenos Aires formas que intentan relatar, o guardar el sujeto secreto de una ciudad que expulsa y fascina, entrelazándose en una narración única que cuenta, parodia, y acaso sea el verdadero sentido de su atonomía (su particular encanto) que como relato, formado por su literatura que nos da la significación múltiple de nosotros mismos.





Notas:



1 Borges, Jorge Luis, Evaristo Carriego, Emecé, Bs. As., 1955. (1era edición: Manuel Gleizer, 1930)

2 Etchebame, Miguel D., La influencia del arrabal en la poesía argentina culta, Colección Cúpula, Guillermo Kraft, Bs. As., 1965.

3 Ver González Tuñón, Enrique, Tangos, Sorocaba, Bs. As., 1953 (1era edición: Manuel Gleizer, 1926)

4 Véase Guerin, Miguel A. y OIiver, Jaime, "El Buenos Aires ideal de la canción popular urbana”, en Primeras Jornadas de la Historia de la ciudad de Buenos Aires. "La vivienda en Buenos Aires', Secretaría de Cultura de la MCBA, BS. As., 1985, donde se concluye: también debe destacarse que esta ciudad por ser ideal, es inalterable. Cuando alguno de los elementos de su medio físico ideal es confrontado por el sujeto narrador con algún elemento físico de su ciudad perceptible, la ciudad lejos de revestirse en cambio, aparece en su verdadera dimensión, es la ciudad arquetípica de la que todas las otras son formas imperfectas".

5 Rivera, Jorge, Roberto Arlt: "Los siete locos”, Hachette, Bs. As., 1986.

6 Viñas, David, "Armando Discépolo: Grotesco, inmigración y fracaso”, en Historia Social de la Literatura Argentina (Director: D. V.), Capítulo XV, Bs. As., 1989

7 Ford, Aníbal, Hornero Manzi, en la colección "Historia Popular, Vida y milagros de nuestro pueblo" N° 27, CEAL, Bs.As., 1971. Hablando del tango del 40, dice: "Esa popularidad indica un tipo de diálogo y ese diálogo tal vez haya necesitado la afirmación del sentimiento en medio de la sumersión, de la explicación de Buenos Aires en medio de la aculturación a la ciudad industrial, así como un baile propio en medio del proceso de nacionalización”.





Publicado inicialmente en EL OJO MOCHO Invierno de 1995 n°6.