martes, 24 de enero de 2012

LITERATURA ARGENTINA Y PERONISMO


(Transgresión, lenguaje y rupturas) 60/70

por Jorge Quiroga

Se puede decir, como evidentemente se dijo, que nuestra literatura piensa e indaga acerca de la realidad, y se explica por el juego de alternativas de lectura por el que cobra sentido. Termina siendo aquella imagen que se oculta dentro de sus propios límites, una narrativa o poética, que inevitablemente es ni más ni menos que una forma de relatar hechos y acciones que nos incumbieron a todos, y de los cuales nos cuesta desprendernos.

Muchas cosas es como si las pensáramos en forma de literatura, que para nuestro caso se trata de versiones políticas, que de todas maneras tiene la marca de su particular procedencia. Esto significa que aunque nuestra realidad política desde hace mucho tiempo haya provocado tantas páginas de literatura, éstas tienen su última razón de ser en el marco de un sistema narrativo, o en la intención de una obra.

Como sujetos históricos somos definidos e inauguramos, o prolongamos una crisis, la literatura argentina además es una manera de intervenir con el singular modo en el que se piensa y escribe un texto literario.

Todo no es historia y todo puede llegar a serlo, especialmente en una literatura, que tiene un recorrido y una mirada en la que no podemos dejar de reconocer que existen formas que reproducen ciertos núcleos básicos, individuales y sociales, cuya única salida es contar una historia común, en la que la perspectiva es político-narrativa.

Esto se despliega en una serie de pequeños y grandes sucesos relatados en los que uno puede involucrarse ambiguamente. Porque cuando la literatura, o por lo menos un gran sector de ella, se ubica en ese campo intersticial donde las imágenes se mezclan, es posible que esa superposición sea lo que verdaderamente importa.

Si nos fijamos en la zona de significación que prevaleció en las últimas décadas, pero sobre todo en las del 60-70, estamos refiriéndonos a momentos claves de ese desarrollo, y al entrecruzamiento de ciertos enigmas tanto histórico-sociales como relativos a la literatura y sus respuestas.

Los caminos de la literatura y la política se unen a veces formando poéticas que únicamente son explicables por esa intersección, o pueden leerse de esa manera, esto ocurrió mucho en ese tiempo, la lectura que podemos realizar ahora puede tener esa y otras direcciones, todo depende de la perspectiva en la que nos situemos (palabra ya cargada de sentido para quien se ponga a revisar esos textos, más aún las que deben ser leídas sin reducciones).

El peronismo fue una de esas formas convocantes, una especie de Hito, donde se entrelazaban la fascinación y la rebeldía. Como se dijo en su época de proscripción post 55, tenía ante sí dos posibilidades: o verdaderamente continuaba siendo el hecho maldito de la política argentina y la solución era revolucionaria, o lo aguardaba la integración. Como se sabe esta ecuación fue planteada por John William Cooke. Dentro siempre existió quien trabajara hacia un lado u otro (aunque nunca faltó el escéptico que pensó que el dilema era simplemente una maniobra. Son los que dicen que en verdad este fue un tema meramente imaginario).

El libro de Walsh Operación Masacre leído en ese momento resistente, era un relato que inauguraba un nuevo campo; literatura, pero escrita con la carga y pluralidad de ser un texto narrativo (la historia atrapaba) que se refería a hechos sociales y políticos a la búsqueda de la justicia. Este parecía ser el horizonte hacia donde se dirigían muchos intelectuales, militantes y literatos. Literatura y política.

¿Cuál era la frontera entre ambos sectores? La política parecía recubrir todo, la literatura fue y no fue la formulación del irrumpir de la ruptura generacional (o los fracasos de esa ruptura), pero su afán totalizador es un registro que hay que tener en cuenta.

¿Una obra literaria como un artificio que sirviera de alegato? ¿Un testimonio que conmocione, sin importar el carácter de su belleza? ¿Poetizar o politizar?, como se llama un libro de ensayos de César Fernández Moreno.

No se trataba de simple compromiso, se intuía que la problemática implicaba la posibilidad misma de la existencia o la anulación del país y de sus hombres. Tampoco nada más que la irrupción de la Revolución como alternativa deseable, sino agregado a ello el surgimiento de una negatividad que en realidad era una crítica punzante de la vida cotidiana, una ceguera que podía consistir en una feroz lectura de la realidad social. Había en todo eso un clima mítico que parecía indicar que se estaba en el ojo de la tormenta.

Todos estaban de acuerdo que se vivían tiempos difíciles y cruciales desde el punto de vista sociohistórico (se pensaban cosas nuevas sobre el diagnóstico de la crisis, y el pensamiento de los tradicionalistas o conservadores era severamente cuestionado, mientras ellos presenciaban atónitos esas proposiciones que no atinaban a entender.)

La literatura acompañó todo ese proceso, y ayudó a sedimentar, muchas veces desviando y cifrando, los motivos que resonaban como ideas significativas, añadiendo su discurso particular empeñada en construir a través del ensayo polémico su lista de escritores representativos “prestigiosos”.

Ángel Rama 2 hablando de la ruptura, la refiere a cierta etapa de transición que apunta a una nueva instancia. Cabría preguntarse si ése era el problema o en verdad consistía en la culminación de un proceso, o en la aceleración de una salida posible, o un movimiento expiatorio y sacralizado de mitificación de los conflictos, o en una resolución sin centro que lo que buscaba era agudizar las diferencias. Todo eso y algunas cosas más, serían preguntas que la lectura social (siempre diferida) y la literatura aún hoy intenta develar. Como si hubiera un núcleo resistente, que es necesario descubrir, recubrir, mostrar, ocultar, detener, reinterpretar, es decir actuar con él del mismo modo como procede la narración.

Trabajo de las culturas dominadas en su emergencia, existencia de dos culturas en colisión (la oficial y la que surge), ambas con una larga secuencia de cruzas y de rechazos. En la base están “los intentos de modificación de la estructura económica y social”, dice Rama 3 , y nosotros indicamos que no paradójicamente la literatura se instala estableciendo, “reconstruyendo” una historia, que también es una forma de velar y de algún modo tergiversar significación.

Incluir, y ser partícipe, (ilusoriamente la literatura busca representar la historia), pero la tarea literaria que algunos producen en esos años (60/70) se plantea más que nada como parte de la crítica y los valores dominantes.

¿Logra convertirse en discurso autónomo? Aún no están escritos los criterios para poder opinar. Hay que recurrir a textos, poemas y relatos, que uno deba o quiera transformar en señales y que se ubiquen a sabiendas en el cruce de la transición vivida.

A nosotros nos interesa aludir a esos lazos de un momento pasional de la historia argentina, porque acercarse a sus encuentros y remisiones da cierta clave, de la que como todo pasado, sólo puede vincularse con nosotros en el modo de la mitificación.

Hay una versión cristalizada de la quiebra que pareció totalizar la política, entendida como el planteo intransigente de transformaciones y “líneas duras” de acción. La literatura de pronto se vio tensionada por nuevas formas que precisaban ser acompañadas por inéditos enfoques estéticos. Ese proceso venía de la peculiar historia como discurso propio de su campo. Pero ese espacio también era política, una de las formas de ensayar y vivir transgresiones y rupturas.

Luis Luchi
La vida en serio

Quizás por ser Luis Luchi 4 un poeta cruelmente lúcido, desencantado e irónico de lo que le tocó vivir en esa época, consiguió, relatando con una visión descreída y que se fijaba con mucha atención en la cotidianeidad de la gente, comprender algunos secretos.

Entre ellos, Los misterios de la rara ciudad en la que habitaba, y por su propia historia política, que lo colocó al margen, pudo ver la realidad de lo que estaba viviendo con aguda conciencia crítica, percibiendo así los riesgos de la encrucijada histórica de esos años y el significado moral de la dominación.

Hablar de política y deambular por la ciudad, como si se tratara de un hermano mayor de los adolescentes crecidos que él calificaba de rebeldes porque no les gustaba el mundo en el cual vivían, y que con ser pocos eran muchos, y eran un remedo bohemio, distinto y cercano a la figura del militante político, tan extendida en el 60/70. Luchi, como siempre, les hablaba a los que tenia al lado: a ellos, a sus vecinos, a su mujer, a sus hijos, porque lo importante para su poética, era narrar esas pequeñas historias que dibujaban los rostros de su propia vida.

Su soledad y su inocencia de vagabundo, lo llevaban a perderse en la ciudad aluvional, y a reconocer sus mitos, Arll, Carriego, los héroes anónimos y por haberío vivido en su juventud, y no por simple cuestión ideológica, el tango, ese tango que tomó la forma de la ciudad, creció con ella, y que contó en su lenguaje la historia triste del pueblo.

Ante cada elemento de la realidad, con humor y en un idioma simple, Luchi registraba los cambios de cielo de la ciudad, como a tantos esa luz también lo cobijaba y lo distraía de la soledad desgarradora.

La quiebra aparecía frente a la negación de la vida en serio en todos los aspectos del día a día, ello podía verse en la calle, A esa certidumbre Luchi había llegado por vivencias.

Por eso pudo intuir la gran derrota histórica, el gran espiante (no por cobardes por favor) 5, instruir a los porteños, en clave irónica, sobre sus propias torpezas, pasear por diversas capitales posibles, y después detenerse como otro payaso más, a tomar un café con los artistas de circo, o perder sus pasos en cualquier calle transversal.

Esa especie de contramitología luchiana esconde y no encuentra mensajes en los barrios infelizmente irrecuperables, por pertenecer a otro país y otra ciudad, a pesar de que su melancolía todavía guardaba indicios de esperanza. No llegaba a ser burla porque había un fondo sentimental y popular a su modo, lo que no le permitía ese desborde. Señalaba con vehemencia que había dos mundos irreconciliables: el de ellos y el nuestro, esta diferencia es una separación neta entre dos órdenes morales y concepciones del mundo, De múltiples formas el abismo entre ambos será una constatación.

Luchi con sus libros trae una poética que se arraiga fácilmente a la modalidad de la escritura de su tiempo, lo que ellos tienen de peculiar es que con autenticidad, van refiriendo historias de vida claramente separadas del mundo ceremonial y de las formas de vivir basadas en los valores dominantes en la sociedad. Cuentan destinos secretos y anónimos de la ciudad, que la sintaxis entrecortada de sus versos vierten como si se tratase de pequeñas historias, que expresaran mundos irreconocibles por ser tan próximos, No cuesta mucho entender que esos poemas en verdad eran como una rara advertencia para indicar que estaba calificando dos órdenes irreconciliables.

El espacio del lenguaje

"En el lenguaje -dice Ricardo Zelarayán 6- transcurre todo, basta con invocarlo para que la cosa surja. Hablo del lenguaje vivido", Lenguaje en la experiencia vivida, y significación del lenguaje experiencialmente renovado y rescatado, ¿No es éste sin lugar a dudas el caso de la literatura, decimos nosotros, cuando es fascinación por el lenguaje y la experiencia narrada en la rememoración de lo que reinicia el espacio del recuerdo?

Esta conciencia/inconciencia de que las fuentes de la poesía pertenecen al ámbito de la infracción constante, en permitir que se exceda el límite, entrando así en la zona de las significaciones que tengan que ver con la experiencia, con el desencadenamiento de un imaginario sin límites de tiempo. Lo que quiere decir esta aseveración, es que la liberación está en el movimiento mismo, y en el desarrollo incesante de la potencia lingüística y de la virtualidad de renovación y permanencia que ella manifiesta.

Esa voluntad puede adquirir el cometido de transgredirlos límites fijados, instaurando el espacio de lo vivido, de lo desacostumbrado, como vertiente donde nace la concepción de lo poético.

Es una escritura que no reconoce diferencias de géneros literarios, porque ella Intenta posibilitar el acceso en relación a situaciones que son en verdad constitutivas de la realidad, no de aquella convencional, sino la del vinculo con la memoria activa de las cosas. 

Así como están "escritos" esos textos en un libro publicado en la época, y en otros que siguieron después, y que recogen la intensidad de la ruptura de la concepción "literaria" justamente del poema y del relato, de la literatura, que guarda correspondencia con infinitas charlas, polémicas, y divagues, también característicos de la época. Donde los signos y la realidad se ponían en cuestión, y en motivo interminable de pretexto y refutaciones.

La literatura de Zelarayán establece su recolección al afrontar el desarrollo del lenguaje, en sus entonaciones y en sus silencios, para así abrirse a la recuperación de aquello que es desencadenante, y abre a su vez la compuerta del poder decirlo todo. De instalar el espacio utópico, sin lugar, de obsesionarse por su oralización, y por el inagotable movimiento de su uso y su reverberación en la realidad.

Esta forma de verlo como posibilitador de encuentros, y como crítica de lo "práctico" será una constante. Es que las palabras en su atracción arrastran el clima particular de las imágenes, que se anudan en su resplandeciente luminosidad, y cuando ellas buscan su tiempo, pueden hacer aparecer una detención de visiones entrelazadas.

Su verdadero poder reside en que la palabra hace surgir una serie de entrechoques, de distorsiones, de aparejamientos, de derivaciones, de misterios, de la insistencia del recuerdo. Espacios de la rememoración pero con el fin de desflorar el recuerdo, sepultarlo en los caminos desolados de Un país de rutas blancas y de brillos enceguecedores. Hay que estar atentos y oír meticulosamente esas expresiones que en el lenguaje ordinario se muestran con toda su carga reactivadora de otras imágenes.

Perversión y transgresión

En algún otro sitio nos referimos a Osvaldo Lamborghini como el "otro" ,como quien por destino o por oportunidad, necesitó escribir textos donde se mezclaran la política, la transgresión, y el sexo, como una forma de tratar imprudentemente sus complicadas y agónicas relaciones con los demás, con su tiempo y la literatura.

Era así porque el lugar de la parodia, de lo gauchesco y de la política estaban ocupados por Leónidas; a él sólo le quedaba ensayar una especie de transgresión constante, donde su nazi-fascismo (otro fantasma de la época) tuviera algún lugar, para traicionar, traicionándose, e intentar ser un narradorde esa violencia que era un tema dominante en el 70.

"Y porque sí. Para estar en fría. Para cortar, claro. A ver. Para cortar definitivamente con cualquier tipo de militancia o para cortar con todo loque no sea militancia. Para cortar. Eso, al menos es lo que digo". Dijo en un poema que era en verdad cortar con la política, vivida como espacio de lo siniestro y clandestino, lo policial, lo canallesco, y su vida misma llena de un clima de horror, terror, angustia y snobismo.

No hay una versión idealizada de ello, y eso está bien, pero él se enreda en su anhelo/destino de ser un "maldito", y eso lo lleva a encerrarse en su propia torre y a conseguir discípulos extraviados.

Sus textos "heroicos", El Fiord, Sebregondi retrocede aunque ya son de su pleno desvarío todavía están muy cerca de ese corte 7 que es su carga significativa. En el exilio, insiste demasiado en su clausura y se extenúa. Leído como debe leerse, es cierto que únicamente puede pensarse como síntoma del 70, un tiempo donde era posible que surgiera una poética que intentara reunir elementos disonantes hasta el extremo.

No deja de ser inquietante una lectura curiosamente decadente de estos textos de acá y de allá, pero esto es parte de los equívocos que tiene nuestro presente para poder entender nuestro pasado, inclusive el literario.

Hay lugares adjudicados que parecen difíciles de remover, el olvido actúa desmesuradamente.

El Fiord con su escritura desencajada, narrando un espacio que se cierra, interrupiéndose en imágenes detenidas, y que emergen de cierto cambalache grotesco, repite una historia, es un relato circular y que intenta yuxtaponer recortes de sentido.

De pronto, después de un relámpago que ilumina la escena, notamos la aparición hierática del Fiord, y ella que, mutilada, miraba nuevamente y veía "pequeños soles crepusculares". Y hoces, además, desligadas eterna y momentáneamente de sus respectivos martillos, y fragmentos de burdas svásticas de alquitrán: Dios Patria Hogar: y una sonora muchedumbre -en ella yo podía distinguir el rostro de cada uno de nosotros penetrando con banderas en la ortopédica sonrisa del viejo Perón. No sabemos bien que ocurrió después de Huerta Grande. Ocurrió. Vacío y punto nodal, de todas las fuerzas contrarias en tensión. Ocurrió. La acción-romper debe continuar. Y sólo engendrará acción dice O. Lamborghini, y está mencionando una de las fascinaciones más intensas de los ahora llamados años 70.

Porque la acción en sí, inclusive 'a acción que alimenta a la aventura, fue algo muy ligado al irrumpir de la transgresión I de lo utópico. Es cierto que de manera efímera, como un recinto acotado, como s fuera el arribo a vías de transmisión insospechadas, y que sólo fueron posibles por cierta credulidad que no medié correctamente el poder real de lo que estaba anclado en la sociedad como sistema de dominio.

El peronismo como fuerza de oposición proscripta, la crisis de lo social y lo inviable de lo político hasta allí (76), más que e" formas de tensión, y violencia, la ruptura generacional provocaba directa e indirectamente a estilos hoy impensables de consideración de lo real.

La literatura, no podía sino interpelarse en esa politización así entendida, ahora sabemos que la rebelión tomó muchas facetas, ellas guardaban el mismo sentido de proposiciones de cambio. Los que se vieron insertos en la militancia no tuvieron demasiado tiempo de reflexión y se vieron arrastrados “por el vendaval de la historia”. La derrota demostró cuánto había de ¡rrea y de ilusorio, y de trágico en la ruptura.

Después de la devastación quedaron claramente exclusiones e inclusiones regidas por una lógica estricta que tiene sus límites en un pacto de silencio, o de versión que cuenta una determinada interpretación y narración de los hechos; ella se presenta como incuestionable.

Sin embargo hay rechazos muy explícitos de esos relatos sociales, y en el campo de la literatura, se sigue reflexionando sobre esa encrucijada a través de los textos más significativos de la poética y la narrativa argentina.


Notas:

1 Como se sabe esta ecuación fue planteada por John William Cooke.

2 Angel Rama. "Rodolfo Walsh: La narrativa en el conflicto de las culturas", en Literatura y clase social, Folios, México, 1985.

3 Angel Rama, Op. cit. pág. 195.

4 Libros de Luis Luchi de la época de la que estamos hablando: El obelisco y otros poemas, Signo, Bs. As., 1959; El ocio creador, Estilcograf Bs. As., 1960; Poemas de las calles transversales, Salamanca. Bs. As.; La vida en serio, Estilcograf, Bs. As., 1964; Vida de poeta, Eurnichon. Bs. As., 1966; El muerto que habla. Poemas cortos de genio, Buenos Aires Leyendo, Bs. As. 1973; Ave de paso, Noé, Bs. As., 1973; Los rostros, Bs. As. 1973; La pasión sin mateo, Gente de Buenos Aires.

5 EL ESPIANTE (en gran forma) Hemos todos rajado/ no por cobardes,/ por favor./ Cada uno por su lado/ para su cubil./ Nos hemos hecho humo/ uno mejor que otro./ dos pasos atrás después adelante/ Una generación de descanso nos viene bien/ los pies en polvorosa/ un puente de plata
han construido/ Cada uno huyó como pudo/ Gritaron a escapar/ así fue el grito/ era suficiente a pie/ en taxi/ sobre hombros los heridos/ escoñados/ poner distancias/ olvidar/ siempre lo más rápido posible./ Saltamos ventanas/ nos hicimos los chanchos rengos/ cambiamos de nariz/ Los grandes destinos/ esperarán un poco más. Luis Luchi, Vida de poeta.

6 Ricardo Zelarayán; "Narrador poeta y panfletista anónimo" como él se define y agrega que mantiene firme su condición de marginal casi inédito, asegurando que sólo se ha publicado menos de la décima parte de su obra: La obsesión del espacio (Corregidor, 1972), un libro de cuentos infantiles para chicos y adultos, Traveseando (kapelusz, 1984), la novela La piel de caballo (1973-1974) editada en 1986, Roña criolla (Ediciones de Tierra Firme, Bs. As., 1991)

7 Osvaldo Lamborghini: El Fiord, Chinatown, Bs. As., 1969; Sebregondi retrocede, Noé, 1973; Novelas y cuentos. Ediciones del Serval, Barcelona, España, 1988; Tadeys, Ediciones del Serval, Barcelona, España, 1994.
 

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